Cuando dice no quiero y en realidad se trata de un no puedo

«Ya no sé si no quiere o no puede.»

Te lo cuento en vídeo · 1:45

Es la frase que más oigo en consulta. Me la dicen igual las madres que las maestras. Un niño que se niega a leer en voz alta, una niña que tira el lápiz a la tercera línea, un alumno que dice «no quiero» antes de mirar siquiera la ficha.

Mi respuesta casi siempre es la misma: cuando un niñ@ dice «no quiero» a algo que se repite cada día, conviene mirar primero si lo que hay detrás es un «no puedo todavía».

Por qué un niño dice «no quiero» cuando no puede

Nadie elige pasarlo mal. Si leer te cuesta el triple que a tu compañero de mesa, cada página es una prueba que sabes que vas a perder. Decir «no quiero» te protege: suena a decisión propia y no a fracaso.

Niño cansado con los brazos cruzados sobre un libro abierto

El psicólogo Ross Greene lo resume en una frase que tengo muy presente:

Los niños lo hacen bien si pueden.

Cuando no lo hacen, lo habitual es que falte una habilidad, no las ganas. Esa idea le da la vuelta a la pregunta: de «¿por qué no quiere?» pasamos a «¿qué le falta para poder?».

Las bases del aprendizaje: una pirámide que se construye de abajo arriba

Para responder uso un marco que me acompaña desde hace años: la pirámide del desarrollo de Alfonso Lázaro y Pedro Pablo Berruezo. Lo que vemos en el aula (leer, escribir, seguir una explicación) está casi en la cima. Para llegar arriba sin dificultad hay que haber pasado por todos los escalones.

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Quiero la pirámide

En la base están los sentidos que casi nunca nombramos en el cole:

  • La propiocepción: saber dónde está cada parte del cuerpo sin mirarla.
  • El sistema vestibular: el equilibrio y la posición de la cabeza en el espacio.
  • El tacto.

Sobre ellos se apoya todo lo demás: la postura, el tono, la coordinación, la atención. Cuando esta base no está bien asentada, el niño gasta en sostenerse la energía que necesitaría para aprender. Y desde fuera parece desgana.

Con esa base, el cuerpo aprende a organizarse alrededor de sus líneas medias. En Brain Gym® hablamos de tres dimensiones, y cada una sostiene un tramo.

Arriba y abajo: la postura

Estar sentado y quieto parece lo más fácil del mundo. Para el cuerpo es mucho trabajo: lo sostienen los músculos del tronco, los de dentro. Un niño que todavía no sostiene bien su cuerpo en la silla gasta su atención en no caerse, en recolocarse, en apoyar la cabeza. Le queda poca para la explicación. Desde fuera parece despiste. Por dentro, su cuerpo está ocupado.

Izquierda y derecha: los dos lados que se hablan

Es la que más se nota en el aula. Leer una línea de izquierda a derecha, escribir en la pizarra, pasar la vista de un lado al otro del folio: todo eso es cruzar la línea media una y otra vez. Y es la última que se construye, hacia los 8 años, cuando en el cole ya pedimos leer y escribir. Cuando este piso está flojo, la b y la d bailan, la línea se pierde al copiar de la pizarra, gira el folio o cambia el lápiz de mano en mitad del renglón.

Delante y detrás: ir hacia la tarea

Es la dimensión de ir hacia delante y participar: acercarse a lo que se le pide y quedarse ahí el rato que hace falta. Cuando cuesta, el niño se queda atrás o se lanza sin pararse a mirar.

Arriba del todo: leer y escribir

Para leer una frase en voz alta, el cuerpo tiene que sostenerse en la silla, los ojos tienen que seguir la línea, el oído tiene que reconocer los sonidos y un lado tiene que dirigir mientras el otro acompaña. Todo a la vez y coordinado. Si algún piso falla, el niño lee, pero tiene que sujetarse a la silla mientras lo hace y buscar la línea con el dedo cada dos palabras. Llega, pero cansado y tarde.

Todo esto se construye con el movimiento y en un orden. El bebé primero mueve los dos lados a la vez, después un lado entero y luego el otro, y por último brazo de un lado con pierna del otro, que es el gateo y la marcha. Jorge Ferré y Elisa Aribau explican que estos patrones de movimiento del desarrollo son fundamentales para las destrezas de aprendizaje y para la integración de la información. Por eso miramos el movimiento cuando lo que cuesta es leer.

Niña con trenzas en posición de gateo sobre una esterilla, sonriendo

Cuando falta una base, lo de arriba cuesta el triple

Si un piso de abajo está flojo, lo de arriba se sostiene, pero con mucho trabajo extra. Ese trabajo no se ve desde fuera. Lo que se ve es el cansancio, el despiste y, al final, el «no quiero».

En los primeros años parte de ese camino lo marcan los reflejos del bebé. Sally Goddard, del INPP, describe cómo algunos reflejos que siguen presentes más allá de su edad pueden ser señal de que el sistema nervioso aún no ha completado su maduración. Suelen estar presentes cuando hay dificultades de aprendizaje, aunque también aparecen en niños a los que todo les funciona bien. Por eso no los miro solos: los miro junto con el resto de la funcionalidad del sistema y con los patrones de movimiento que el niño sí ha desarrollado, para ver a qué nivel le están entorpeciendo.

Cómo distinguir un «no quiero» de un «no puedo»

Cada niñ@ es un mundo. Primero, una pista general: el «no quiero» aparece siempre con el mismo tipo de tarea y no con otras que le gustan. Si es así, mira el cuerpo. Estas son las señales que veo a menudo:

La postura

  • Se tumba sobre la mesa, se enrosca en la silla o apoya la cabeza en la mano.
  • Empieza bien y se descompone a los pocos minutos, como si se le acabara la batería.

Los dos lados

  • Confunde letras y números que son espejo (b y d, p y q, 6 y 9).
  • Se salta la línea al copiar o pierde el renglón al escribir.
  • Tropieza, choca o se cae más que los demás.

Leer y escribir

  • Con un adulto al lado, leyendo con él o marcando el ritmo, sale. Solo, no.
  • Entiende cuando se lo cuentas, pero se bloquea cuando lo tiene que leer.

Si reconoces a un niño en varias de estas señales, la conversación ya no va de ganas. Y recuerda que mirar no es diagnosticar: si lo que ves te preocupa, compártelo con la familia y con el equipo de orientación.

Cambia la pregunta: ¿en qué dimensión le falta base?

En vez de discutir el «no quiero» o premiar que lo haga, léelo como información: te está diciendo dónde está su límite hoy. Y cambia la pregunta: ¿en qué dimensión le falta base para poder?

En casa, eso puede ser dejar que se mueva antes de los deberes. En el aula, dar movimiento antes de pedir quietud, dejar de corregir lo que el cuerpo todavía no puede hacer y quitar peso a la parte de la tarea que más le pide (copiar, por ejemplo) mientras se construye la base.

El «todavía»: lo que hoy no puede, lo construye con movimiento

Carol Dweck ha hecho famosa una palabra: todavía.

«No puedes todavía» abre una puerta que «no quieres» cierra.

Al niño le dice que lo que hoy le cuesta se puede construir.

Y se construye desde abajo. MBL (Movement Based Learning) es un programa de actividades sensoriomotoras que ayuda a desarrollar las habilidades fundamentales para la vida y el aprendizaje. Su principio ordena todo el trabajo: se empieza por donde está el niño, no por donde debería estar por su edad. Cuando la base se afianza, lo de arriba deja de costar tanto y el «no quiero» pierde su motivo.

Maestra y niño estirando los brazos hacia arriba, riendo

Preguntas frecuentes

¿Mi hijo es vago o tiene una dificultad de aprendizaje?

La pereza que se repite siempre con la misma tarea rara vez es pereza. Suele ser una tarea que le pide más de lo que su base le permite dar hoy. Merece la pena observar antes de etiquetar.

¿Qué son las tres dimensiones de Brain Gym®?

Son tres formas de mirar cómo se organiza el cuerpo alrededor de sus líneas medias: izquierda y derecha (los dos lados trabajando juntos, la base de la lectura y la escritura), arriba y abajo (la postura y la estabilidad) y delante y detrás (ir hacia delante y participar).

¿Qué papel tienen los reflejos?

Los reflejos que siguen presentes suelen aparecer cuando hay dificultades de aprendizaje, aunque también en niños a los que todo les funciona bien. Por eso se miran en conjunto con el resto de la funcionalidad del sistema y con los patrones de movimiento que el niño sí ha desarrollado, para ver a qué nivel le están entorpeciendo.

¿Qué hago cuando en clase un alumno dice «no quiero»?

No lo conviertas en un pulso. Pregúntate qué parte de la tarea le pide más de lo que tiene, reduce esa parte y ofrécele moverse antes de empezar.

Conclusión

El «no quiero» es el final de una historia que empieza mucho más abajo, en el cuerpo. Cuando dejamos de discutirlo y buscamos en qué dimensión falta base, el niño deja de defenderse y empieza a construir.

Neuroeducadoras en Movimiento

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